domingo, 21 de octubre de 2012
MIS CANALES FAVORITOS.
Como todos sabemos, hoy en día hay multitud de herramientas en la red que nos permiten tener un acceso rápido, fácil e instantáneo a casi cualquier tema que deseemos consultar. Y en algunos casos, como puede ser aprender a tocar un instrumento musical, mejorar las técnicas de automaquillaje o mejorar nuestros montajes de moscas artificiales, Youtube es una herramienta magnífica. Es por ello, que me gustaría destacar alguno de los canales a los que estoy suscrito, y no solo por la calidad de sus montajes, sino porque "técnicamente" los montadores que aparecen en dichos canales, en general -no he visto todos los videos de cada canal- son impecables, de ahí que para cualquiera que esté comenzando será conveniente orientarse viendo a montadores que no cometen errores o tienen vicios que todos deberíamos evitar.
viernes, 19 de octubre de 2012
Y SI QUIERO ENSEÑAR A ALGUIEN A PESCAR ¿QUÉ HAGO?
Vaya por delante que todo lo que venga a partir de estas líneas son simples opiniones, sin más valor que cualquier otra, y que están basadas únicamente en mis experiencias personales, y en otros casos cercanos que he vivido o que conozco bien. Y estas opiniones son igual de malas, o de buenas, que cualesquiera otras.
Así pues, si llega el día en que nuestro sobrino, hijo, vecino, compañero de trabajo o, palabras mayores, compañero o compañera sentimental (lo que viene a ser la máquina de reñir en ciernes o ya asentada, vamos) nos hacen la ansiada (o temida) pregunta de ¿y por qué no me llevas un día, me enseñas y pruebo yo?, mejor estar preparados, o al menos, prevenidos.
Pues bien, el primer consejo que yo daría es que conviene barajar todas las consecuencias que de nuestra respuesta se puedan derivar, si acaso haciendo incluso una de esas listas de "pros" y "contras". Lista que ante esa pregunta yo jamás he hecho, y así ha sido, que unas veces me ha ido muy bien, y otras muy mal, solo por no prevenir las futuras consecuencias.
Sí hay una serie de condicionantes generales que nos van a ser útiles ante cualquier tipo de aprendiz, sea niño, adulto, le amemos o le odiemos. Y claro, si alguien espera que aquí hable de cosas como las manecillas del reloj o la trayectoria recta de la puntera, que según la edad de cada uno os sonará más una cosa u otra (o las dos), pues, como decía, que nadie espere ningún argumento técnico, táctico o tecnológico, porque de lo que vamos a hablar es de lo que de verdad importa: de pasárnoslo lo mejor posible.
El primer punto, y el más importante de todos, en mi opinión, es la elección del lugar. Y este ha de reunir unas características concretas que nos van a encaminar hacia la consecución de nuestro objetivo. Lo primero de todo, descartemos absolutamente los desplazamientos largos. Tenemos que ir a un sitio cercano, y que la duración del viaje no permita que la ilusión del aprendiz se desvanezca kilómetro tras kilómetro de asfalto. En segundo lugar, olvídemonos de cuestiones técnicas, el objetivo primordial debe ser despertar la curiosidad y el gusto por el rio, independientemente de la pesca, deberemos intentar que nuestro aprendiz esté a gusto, por lo que yo recomendaría seguir a rajatabla algunos puntos tan importantes como evitar los días en los que el clima no acompañe (no queremos viento, ni lluvia ni frío), evitar los rios en los que pueda haber sueltas de agua de alguna presa, evitar los sitios masificados (aparte de por la comodidad y la tranquilidad, recordemos que en general, a los humanos, suele darnos vergüenza aprender cosas nuevas en público, por esa estúpida creencia de que debemos nacer "aprendidos"), etc. Y dentro de lo que a la elección del lugar se refiere, lo más importante de todo, es que elijamos una zona en la que haya truchas, que el comportamiento de estas no sea especialmente complicado y, en definitiva, y resumiendo, que nuestro aprendiz tenga posibilidades reales de intentar clavar algún pez (especialmente si ha practicado otras modalidades de pesca antes, ya todos sabemos aquello de llevar en el maletero la caña de buldó o cucharilla y la de mosca, usar la de mosca veinte minutos, no pescar nada, y volver a las artes que dominamos).
El segundo punto aglutina todo lo referente a la elección del equipo. Pues bien, la caña, carrete, línea, etc. han de ser de la peor calidad posible. Me explico. Por un lado, si yo fuese a intentar pescar por primera vez y me dejasen prestada una caña de 500 euros, por decir una cifra, estaría más pendiente de no tropezar, caerme y romperla, que de disfrutar de la jornada. Claro, este es un razonamiento solo aplicable a aprendices adultos, puesto que un niño difícilmente perderá el tiempo en tales reflexiones, pero no solo evitar la preocupación de nuestro aprendiz por el bienestar del equipo es lo que me lleva a ser partidario de dejarles el peor equipo posible ya que, por otro lado, si realmente se van convirtiendo en pescadores habituales, irán mejorando su equipo (o les iremos dejando prestado cada vez un equipo mejor) y según vayan acumulando experiencia irán aprendiendo a apreciar las diferencias entre una caña muy mala y una buena, entre un carrete bueno y uno malo, etc. Claro, si no queremos que estén preocupados por no romper o deteriorar un equipo bueno, tampoco vamos a dejarles uno tan malo, usado y casi defectuoso que haga que se pasen toda la jornada preocupándose de desenredar lios del carrete o persiguiendo ese tramo delantero que sale disparado cuando emplean demasiada energía en el golpe final en lugar de preocuparse de pasárselo bien.
Por lo demás, y en lo que al equipo respecta, yo no me complicaría mucho. De hecho, personalmente, siempre sigo el mismo patrón: mosca seca en un #14 o un #12 que flote como un corcho y que se vea a kilómetros; bajo de línea de 350 centímetros como máximo y con un perfil que permita extenderlo casi sin ningún esfuerzo (ya llegará el dragado y el microdragado, ahora lo que queremos es que la mosca, más o menos, va a posarse a donde nuestro aprendiz pretendía dirigirla) y nada de sacar más de cuatro o cinco metros de línea (línea de un color naranja fluorescente a poder ser por si hubiese que pasar de puntillas por el tema del control del bucle y esas cosillas).
El tercer punto que yo tendría en cuenta es el de la psicología. Seamos conscientes de que nadie nace sabiendo, y evitemos en lo posible cualquier corrección brusca o cualquier negatividad. Esto no es una competición, no hace falta convertirse en ese profesor de autoescuela que ya no sabe expresarse si no es a base de gritos ni tampoco en el profesor de educación física que parece saciar su sadismo mortificando a los gorditos de la clase. Que hace algo mal, que lo haga!!! Solo queremos que se divierta, y las únicas correcciones a hacer, según mi opinión, son aquellas enfocadas a evitar malos vicios y a garantizar la seguridad de nuestro pupilo. Pero no nos engañemos, los malos vicios no se cogen ni en una, ni en dos, ni en tres jornadas de pesca, así que no seamos quisquillosos en exceso.
Y el cuarto punto que yo tendría en cuenta es el de la seguridad. Cuando he llevado conmigo a personas que jamás habían pisado un rio, no he perdido ni un solo minuto en intentar explicarles los rudimentos básicos del lanzado o unas mínimas nociones de lectura del agua, pero en lo que sí he invertido unos cuantos minutos antes de meter un pie en el agua, es en explicarles cosas como que puede resbalar mucho o que lleven unas buenas botas y nada de aparecer en sandalias y bañador (especialmente en el caso de los niños, procuremos evitar picaduras, cortes, etc.), que si alguna vez están en un rio donde se producen cambios de nivel procuren siempre tener una referencia en la orillas para controlar el nivel del agua, etc.
Y por supuesto, antes que ninguna otra cosa, concienciación absoluta de que no solo debemos dejar el rio y sus orillas como nos los encontramos al llegar, sino que debemos hacer lo posible por dejarlo mejor.
En el caso concreto de los niños recomendaría llevar solo una caña, al menos las primeras veces, y entendiendo como niños los menores de nueve o diez años, ya que a partir de esa edad ya deberían tener una capacidad de razonamiento suficiente como para entender ciertas cosas.
Y hay un punto que es absolutamente obligatorio para todo el mundo: gafas siempre. Da igual que sean de sol, polarizadas o no, que graduadas o de cerca, pero nadie debe ir al rio sin unas gafas que cumplan con una impagable función protectora ante cualquier ráfaga de viento inesperada o ante cualquier intento caótico de lanzado.
Después de todo esto, si conseguimos que no se caiga, que no pierda muchas moscas, que incluso le suba algún pez o que milagrosamente se lleve alguno a la mano, no solo habrá disfrutado nuestro esforzado aprendiz, sino que disfrutaremos también los sufridos maestros (y entiéndase que utilizo esta palabra como sinónimo de aquel que enseña algo, nunca atribuyendo a nadie tal o cual grado de maestría, y menos a mí, solo faltaría!!).
Así que, aprovechando que viene un largo invierno, vamos a ir dejando que sobrinos y sobrinas, hijos e hijas, novios y novias... vayan echando algún vistazo a cajas, moscas, líneas, vadeadores y demás, que a lo mejor a alguno se le despierta cierta curiosidad y allá por mayo del año próximo descubrimos que tenemos un nuevo aprendiz y que quizás, con el tiempo, llegue a ser un magnífico compañero de pesca (aunque quien quiera un magnífico compañero de pesca seguramente no querrá enseñar muchas cosas a su aprendiz, ya que no hay mejor compañero que aquel que pesca menos que nosotros mismos :).
Así pues, si llega el día en que nuestro sobrino, hijo, vecino, compañero de trabajo o, palabras mayores, compañero o compañera sentimental (lo que viene a ser la máquina de reñir en ciernes o ya asentada, vamos) nos hacen la ansiada (o temida) pregunta de ¿y por qué no me llevas un día, me enseñas y pruebo yo?, mejor estar preparados, o al menos, prevenidos.
Pues bien, el primer consejo que yo daría es que conviene barajar todas las consecuencias que de nuestra respuesta se puedan derivar, si acaso haciendo incluso una de esas listas de "pros" y "contras". Lista que ante esa pregunta yo jamás he hecho, y así ha sido, que unas veces me ha ido muy bien, y otras muy mal, solo por no prevenir las futuras consecuencias.
Sí hay una serie de condicionantes generales que nos van a ser útiles ante cualquier tipo de aprendiz, sea niño, adulto, le amemos o le odiemos. Y claro, si alguien espera que aquí hable de cosas como las manecillas del reloj o la trayectoria recta de la puntera, que según la edad de cada uno os sonará más una cosa u otra (o las dos), pues, como decía, que nadie espere ningún argumento técnico, táctico o tecnológico, porque de lo que vamos a hablar es de lo que de verdad importa: de pasárnoslo lo mejor posible.
El primer punto, y el más importante de todos, en mi opinión, es la elección del lugar. Y este ha de reunir unas características concretas que nos van a encaminar hacia la consecución de nuestro objetivo. Lo primero de todo, descartemos absolutamente los desplazamientos largos. Tenemos que ir a un sitio cercano, y que la duración del viaje no permita que la ilusión del aprendiz se desvanezca kilómetro tras kilómetro de asfalto. En segundo lugar, olvídemonos de cuestiones técnicas, el objetivo primordial debe ser despertar la curiosidad y el gusto por el rio, independientemente de la pesca, deberemos intentar que nuestro aprendiz esté a gusto, por lo que yo recomendaría seguir a rajatabla algunos puntos tan importantes como evitar los días en los que el clima no acompañe (no queremos viento, ni lluvia ni frío), evitar los rios en los que pueda haber sueltas de agua de alguna presa, evitar los sitios masificados (aparte de por la comodidad y la tranquilidad, recordemos que en general, a los humanos, suele darnos vergüenza aprender cosas nuevas en público, por esa estúpida creencia de que debemos nacer "aprendidos"), etc. Y dentro de lo que a la elección del lugar se refiere, lo más importante de todo, es que elijamos una zona en la que haya truchas, que el comportamiento de estas no sea especialmente complicado y, en definitiva, y resumiendo, que nuestro aprendiz tenga posibilidades reales de intentar clavar algún pez (especialmente si ha practicado otras modalidades de pesca antes, ya todos sabemos aquello de llevar en el maletero la caña de buldó o cucharilla y la de mosca, usar la de mosca veinte minutos, no pescar nada, y volver a las artes que dominamos).
El segundo punto aglutina todo lo referente a la elección del equipo. Pues bien, la caña, carrete, línea, etc. han de ser de la peor calidad posible. Me explico. Por un lado, si yo fuese a intentar pescar por primera vez y me dejasen prestada una caña de 500 euros, por decir una cifra, estaría más pendiente de no tropezar, caerme y romperla, que de disfrutar de la jornada. Claro, este es un razonamiento solo aplicable a aprendices adultos, puesto que un niño difícilmente perderá el tiempo en tales reflexiones, pero no solo evitar la preocupación de nuestro aprendiz por el bienestar del equipo es lo que me lleva a ser partidario de dejarles el peor equipo posible ya que, por otro lado, si realmente se van convirtiendo en pescadores habituales, irán mejorando su equipo (o les iremos dejando prestado cada vez un equipo mejor) y según vayan acumulando experiencia irán aprendiendo a apreciar las diferencias entre una caña muy mala y una buena, entre un carrete bueno y uno malo, etc. Claro, si no queremos que estén preocupados por no romper o deteriorar un equipo bueno, tampoco vamos a dejarles uno tan malo, usado y casi defectuoso que haga que se pasen toda la jornada preocupándose de desenredar lios del carrete o persiguiendo ese tramo delantero que sale disparado cuando emplean demasiada energía en el golpe final en lugar de preocuparse de pasárselo bien.
Por lo demás, y en lo que al equipo respecta, yo no me complicaría mucho. De hecho, personalmente, siempre sigo el mismo patrón: mosca seca en un #14 o un #12 que flote como un corcho y que se vea a kilómetros; bajo de línea de 350 centímetros como máximo y con un perfil que permita extenderlo casi sin ningún esfuerzo (ya llegará el dragado y el microdragado, ahora lo que queremos es que la mosca, más o menos, va a posarse a donde nuestro aprendiz pretendía dirigirla) y nada de sacar más de cuatro o cinco metros de línea (línea de un color naranja fluorescente a poder ser por si hubiese que pasar de puntillas por el tema del control del bucle y esas cosillas).
El tercer punto que yo tendría en cuenta es el de la psicología. Seamos conscientes de que nadie nace sabiendo, y evitemos en lo posible cualquier corrección brusca o cualquier negatividad. Esto no es una competición, no hace falta convertirse en ese profesor de autoescuela que ya no sabe expresarse si no es a base de gritos ni tampoco en el profesor de educación física que parece saciar su sadismo mortificando a los gorditos de la clase. Que hace algo mal, que lo haga!!! Solo queremos que se divierta, y las únicas correcciones a hacer, según mi opinión, son aquellas enfocadas a evitar malos vicios y a garantizar la seguridad de nuestro pupilo. Pero no nos engañemos, los malos vicios no se cogen ni en una, ni en dos, ni en tres jornadas de pesca, así que no seamos quisquillosos en exceso.
Y el cuarto punto que yo tendría en cuenta es el de la seguridad. Cuando he llevado conmigo a personas que jamás habían pisado un rio, no he perdido ni un solo minuto en intentar explicarles los rudimentos básicos del lanzado o unas mínimas nociones de lectura del agua, pero en lo que sí he invertido unos cuantos minutos antes de meter un pie en el agua, es en explicarles cosas como que puede resbalar mucho o que lleven unas buenas botas y nada de aparecer en sandalias y bañador (especialmente en el caso de los niños, procuremos evitar picaduras, cortes, etc.), que si alguna vez están en un rio donde se producen cambios de nivel procuren siempre tener una referencia en la orillas para controlar el nivel del agua, etc.
Y por supuesto, antes que ninguna otra cosa, concienciación absoluta de que no solo debemos dejar el rio y sus orillas como nos los encontramos al llegar, sino que debemos hacer lo posible por dejarlo mejor.
En el caso concreto de los niños recomendaría llevar solo una caña, al menos las primeras veces, y entendiendo como niños los menores de nueve o diez años, ya que a partir de esa edad ya deberían tener una capacidad de razonamiento suficiente como para entender ciertas cosas.
Y hay un punto que es absolutamente obligatorio para todo el mundo: gafas siempre. Da igual que sean de sol, polarizadas o no, que graduadas o de cerca, pero nadie debe ir al rio sin unas gafas que cumplan con una impagable función protectora ante cualquier ráfaga de viento inesperada o ante cualquier intento caótico de lanzado.
Después de todo esto, si conseguimos que no se caiga, que no pierda muchas moscas, que incluso le suba algún pez o que milagrosamente se lleve alguno a la mano, no solo habrá disfrutado nuestro esforzado aprendiz, sino que disfrutaremos también los sufridos maestros (y entiéndase que utilizo esta palabra como sinónimo de aquel que enseña algo, nunca atribuyendo a nadie tal o cual grado de maestría, y menos a mí, solo faltaría!!).
Así que, aprovechando que viene un largo invierno, vamos a ir dejando que sobrinos y sobrinas, hijos e hijas, novios y novias... vayan echando algún vistazo a cajas, moscas, líneas, vadeadores y demás, que a lo mejor a alguno se le despierta cierta curiosidad y allá por mayo del año próximo descubrimos que tenemos un nuevo aprendiz y que quizás, con el tiempo, llegue a ser un magnífico compañero de pesca (aunque quien quiera un magnífico compañero de pesca seguramente no querrá enseñar muchas cosas a su aprendiz, ya que no hay mejor compañero que aquel que pesca menos que nosotros mismos :).
Lectura del agua, técnica e imitaciones adecuadas.
Bueno, pues quiero destacar un video que me encontré en youtube hace un par de días. Cuando lo hayáis visto seguro que muchos pensáis como yo, que nos gustaría tener videos de esta calidad, pero a la vez sencillos y claros, aplicados a alguna de nuestras más célebres zonas de pesca.
Y si además la ambientación musical destila buen gusto y la voz del narrador resulta más o menos agradable, pues poco más se puede pedir.
A veces, para hacer cosas bien hechas, no hace falta un gran despliegue de medios ni de recursos, solo tener las ideas claras y llevarlas a cabo con empeño y tesón, y creo que este video es un buen ejemplo de ello.
Y si además la ambientación musical destila buen gusto y la voz del narrador resulta más o menos agradable, pues poco más se puede pedir.
A veces, para hacer cosas bien hechas, no hace falta un gran despliegue de medios ni de recursos, solo tener las ideas claras y llevarlas a cabo con empeño y tesón, y creo que este video es un buen ejemplo de ello.
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